sábado, 13 de agosto de 2011

LA PRIMERA CARTA ORGÁNICA DEL PARTIDO COLORADO

   
     Si algo caracteriza claramente a los partidos modernos respecto de sus predecesores, es la apertura popular de sus organizaciones internas.
     Maurice Duverger, por ejemplo, se refería en una de sus definiciones tipológicas a los partidos "de cuadros", dominados por un círculo estrecho, frente a los cuales se erigen los modernos partidos "de masas", surgidos sobre todo a fines del siglo 19 y principios del 20.
     En la misma dirección, Max Weber observaba: "Frente a la dominación de los notables y, sobre todo de los parlamentarios, se alzan hoy las más modernas formas de organización de los partidos. Son hijos de la democracia, del derecho de las masas al sufragio, de la necesidad de hacer propaganda y organización de masas, y de la evolución hacia una dirección más unificada y una disciplina más rígida. La dominación de los notables y el gobierno de los parlamentarios a concluído."
     En general, la mayoría de los autores señala que el desarrollo de los partidos se debe a la extensión del sufragio y al incremento de las atribuciones de las instituciones legislativas, pero circunscriben dicha evolución a las naciones más evolucionadas de Europa y a la aparición en las mismas -en lineas generales- de los partidos socialistas, socialdemócratas y laboristas.
     Dichas formaciones, con su estilo de organización territorial en base a secciones locales, habrían contribuído a dinamizar a los diferentes sistemas de partidos hacia su apertura popular.
     Indicando, además, que dicho tipo organizativo dataría del momento mismo de su fundación: v.gr.: Alemania, en 1875 (Partido Socialdemócrata); Italia, en 1892 (Partido Socialista); Inglaterra, en 1900 (Partido Laborista); Francia, en 1905 (en base a la SFIO, Sección Francesa de la Internacional Obrera).
      Más, dicha afirmación no escapa a la controversia. Veamos, a modo de ejemplo, el caso inglés: (dejando a un lado discusiones en cuanto a la fecha de su génesis), el laborismo surge adecuándose al tipo llamado por Duverger como "partidos indirectos" o partidos de adhesión colectiva (en contraposición a los de adhesión individual), y con la finalidad de llevar a la Cámara de los Comunes a representantes de las "Trade Unions" (asociaciones de trabajadores). Esto significaba, en definitiva, que para ser candidato del partido había que estar primero afiliado a algún sindicato. Su organización territorial habría venido más tarde. "En el año 1918 -como observaba Alexander Schifrin- (es que) el partido adoptó el programa socialista y decidió al propio tiempo la reconstrucción de su organización con vistas a su futuro desarrollo (con la creación de secciones locales)." (Haciendo la salvedad de que su vinculación con las asociaciones laborales, y la promoción de candidatos obreros continuó existiendo como una tradición de amplio arraigo, al igual que en la socialdemocracias sueca y noruega).
     Todo lo dicho, en fin, más allá de que proviene de una porción determinada de las ciencias sociales -aquella que describe la evolución política en el espacio geográfico y contexto histórico europeos- resulta útil, con las precisiones del caso, a la realidad uruguaya. Pues el debate en torno a las opciones: partidos de notables o de masas, abiertos o cerrados, permanentes o accidentales, formó parte de la agenda política de fines del siglo 19 y comienzos del 20.
     Pero admitiendo un par de "originalidades": mientras en Europa la "modernización" política estuvo a cargo, mayoritariamente,  de partidos de los llamados "de clase" (aquellos surgidos de la segunda fractura histórica de la revolución industrial, de acuerdo al criterio genético postulado por Stein Rokkan) y que se hallaban en la oposición; en Uruguay fue promovida por un partido "tradicional" (parido al calor de la formación nacional) y que se encontraba en el gobierno.

     EL PROCESO URUGUAYO
     En nuestro país, la tarea de dotar al Partido Colorado -y a al resto de los partidos, tal cual lo reclamaba- de base popular, fue sostenida tesoneramente, diríamos que con énfasis casi cotidiano, por José Batlle y Ordoñez, sobre todo al momento de la reaparición de "El Día" en su segunda época, a fines de 1889.
     "Es ya tiempo -escribía el 5 de abril de 1890- de que los grandes partidos tradicionales, que se llaman ambos republicanos y especialmente el colorado ,que ha hecho un lema de la palabra libertad, hagan práctica republicana en su organización interna y se preparen así para hacerla en los asuntos del Estado".
     El Partido Colorado siempre había tenido, desde luego, una urdimbre eminentemente popular. Su fundador Fructuoso Rivera, por ejemplo, fue el caudillo dilecto de las masas rurales, de los "huérfanos de la patrria", de los modestos propietarios, de la indiada guaraní-misionera. Si al partido le había tocado salir triunfante en las penosas guerras civiles, se debía, en gran medida, a la ahdesión que concitaba en las mayorías. Otro tanto podría decirse de las instancias electorales del ciclo decimonónico (más allá de fraudes, que los hubo, y que es de honestidad intelectual reconocerlo).
     Pero todo ello no redundaba, por cierto, en efectiva participación popular. Se trataba de meros mecanismos de "enganche", limitados , además, a determinados acontecimientos del devenir histórico.
     Lo que postulaba Batlle, en cambio, era la organización partidaria en base a clubes seccionales, aprovechando la división administrativa de la República en secciones judiciales. Una estructura operando de "abajo hacia arriba", de modo capilar, y capaz de representar lo más fielmente posible el sentir partidario.
     Cada sección -planteaba don Pepe- conformada autonomamente a partir de la voluntad de una decena de ciudadanos, elegiría de su seno delegados a fin de conformar las Comisiones Directivas Departamentales, órgano que, a su vez, elegirían a los integrantes de la Comisión Directiva General del Partido Colorado.
      En 1892, y a iniciativa de la juventud colorada, se llevan a cabo tentativas a fin de unificar al partido en torno a dichas concepciones democráticas. Se realizan, entonces, dos reuniones en el teatro Politeama Oriental -el 8 y 15 de mayo de ese año-, en donde se enfrentan las dos fracciones en que estaba dividido el coloradismo: el sector "elitista", nucleado en torno a la autoproclamada Junta Provisoria presidida por el Dr. José Ladislao Terra, y el "popular", encabezado por Batlle.
     La segunda reunión culmina en forma escandalosa, cuando la moción que propugna la organización partidaria es bloqueada por el sector "elitista" mediante el fraude en el conteo de los votos. Batlle y la mayoría de los delegados se retiran indignados.
     La posición de los "elitistas" podría resumirse en lo expuesto por el diario gubernista "La Nación": "Es inexacto e irregular hablar de organizar un partido cuando este partido está dirigiendo los destinos del país" (10 de mayo de 1892). "Hoy las riendas del Gobierno están en manos del Partido Colorado, que por el Poder Ejecutivo, por la mayoría preponderante que tiene en el Cuerpo legislativo por la fuerza de que dispone por el mando militar, es el Partido dominante y director de la política nacional. ¿Como es posible, pues, que se pretenda organizar el Partido sobre bases que hagan caso omiso de esa legítima influencia". (13 de mayo). Es decir, para el sector, el partido son sus cúpulas. 
     En 1895, en el teatro Odeón y a instancias del club colorado "Rivera", unos 700 delegados eligen una Junta Directiva presidida por Batlle. El sector popular comenzaba a dar la batalla interna.
     En 1899, la organización popular se consolidaba, cuando los representantes de las secciones de Montevideo eligen una Comisión Departamental, la que a su vez nombra una Junta Ejecutiva presidida por don Pepe.
     Finalmente, los esfuerzos por dotar a todo el partido de una estructura democrática se concretan en 1901. Los pricipales mojones de dicho proceso serán:
     -15 de febrero de 1901: reunión de personalidades en el Hotel Lanata (Sarandí fernte a la Plaza Constitución) a fin de propiciar gestiones de unificación colorada en torno a una carta Orgánica. Entre otros figuraban el propio Batlle, el expresidente de la República Máximo Tajes, Pedro Figari, José Serrato y Antonio María Rodríguez. Se aprueba un manifiesto público que en su parte medular expresa: "Ha llegado el momento de que cesen las divisiones y la peligrosa anarquía que reina en el seno de nuestro glorioso partido...", y de que  "todos nos sometamos a la soberanía del partido, procediendo a la disolución de las comisiones existentes y a la constitución de una sola autoridad partidaria en la que figuren todos nuestros hombres diligentes y se hallen representadas todas nuestras tendencias".
     -28 de mayo: se inician los trabajos: la Convención Nacional del Partido Colorado inviste de plenos poderes a la Comisión Directiva para la elaboración de la Carta Orgánica.
     -3 de junio: se abren los debates y la redacción, con la asistencia de 108 delegados.
     -12 de agosto: sanción del texto definitivo.
     Sus dos primeros artículos expresan:
     "1) Son miembros del Partido Colorado  los individuos nacionales y extranjeros que simpaticen con sus tradiciones, acepten su credo, sus principios y sus tendencias liberales; pero solo los que estén en posesión de las calidades de ciudadano elector e inscriptos en los Registros Cívicos, tendrán voto en sus asambleas.
     2) El organismo del Partido Colorado se compondrá de Clubs Seccionales, Comisiones Directivas Departamentales, una Comisión Directiva Nacional y una Convención Nacional del Partido".
     En líneas generales, establece respecto a los Clubes: que elegirán un delegado  a la Comisiones Departamentales por cada 100 correligionarios inscriptos en el Registro Cívico, o fracción no menor de 60; que serán de duración trienal; que elegirán y Comité Ejecutivo compuesto de un prisidente, un vice, dos secretarios y un tesorero; encomendandoles, además de amplias facultades en lo que respecta a organización y movilización partidaria:
     "Velar porque prevalezca la mayor legalidad posible en todos los actos electorales de sus respectivas secciones" (art. 16, inc.1º); y "Velar por la efectividad de los derechos políticos y garantías individuales de los afiliados al Club" (art. 16, inc.10º).
       
    

   

jueves, 2 de junio de 2011

LA FASCINACIÓN DEL BATLLISMO

   
 
     Lo que sigue, es un fragmento de una entrevista realizada hace algún tiempo al profesor Benjamín Nahum, y   en donde el distinguido historiador explica el porqué del interés que -junto con el profesor José Pedro Barrán- le despertaron Batlle y el batllismo, así como las incertidumbres que aún se le plantean sobre dicho tema.
   
     -¿Por qué empezaron a trabajar en esa segunda serie sobre el batllismo? (*)
     -Estábamos más que nada enfrentados a un fenómeno, a un descubrimiento personal de lo que había sido el batllismo de pepe Batlle. Porque todo lo que leímos sobre el batllismo y sobre Batlle, y sobre lo que implicó en su momento, fue deslumbrante. Quizá haya tenido que ver, por contraposición, lo que veíamos que estaba ocurriendo en ese momento en el país: la dictadura contrastaba de tal manera con lo que estabas leyendo sobre el batllismo que te deslumbraba. Confieso que hasta el día de hoy es una cosa que me ha impactado intelectualmente, no al punto de decir que soy batllista, sino al punto de decir que el Uruguay fue realmente un país afortunado al tener a un hombre de estas características en el gobierno. Porque Batlle fue un innovador de tal estatura que uno se pregunta cómo un país tan chico pudo dar esto. ¿Y saben qué es lo que me extraña más todavía?. La comparación involuntaria con Argentina. Cuando aparece un hombre que innova, que tiene una visión de estadista, resulta que es militar, es fascista y hace un descalabro después de una obra importante. Un país como Argentina, con la riqueza inmensa de Argentina, un país que nos pudo superar en todo, no tuvo (para decirlo en términos no históricos) la "suerte" de tener un estadista. 
 
     (...)
   
     -¿Siente que se ha acercado a una respuesta (sobre la decadencia nacional)?
     -No. Siento que he podido identificar determinados puntos como aportes a la contestación de esa pregunta, que he podido identificar algunos de los obstáculos que permitirían explicar por qué el país no recorrió un camino que era posible, que fue posible en un momento y que después se le bloqueó del todo. Sin ocultar mi admiración por los valores morales que tuvo ese país y esa sociedad (porque no fue sólo un hombre ni fue sólo una corriente de pensamiento), esa corriente de pensamiento batllista estuvo nutrida por una cantidad de vertientes distintas. No en vano tanto anarquista se hizo batllista, y no en vano tanto blanco se hizo batllista. Justino Zavala fue quien lo dijo: "Yo soy blanco, pero soy batllista". Algo de eso se veía en la amistad fraterna entre Domingo Arena y Emilio Frugoni. ¿Por qué?, porque tenían una enorme afinidad ideológica y lo que importa más que la afinidad ideológica son los valores morales que defendían. Eso es lo que me importa más, y eso es lo que noto como más deficiente en la actualidad."

  (*) Se refiere a la obra "Batlle, los estancieros y el imperio británico"

   Entrevista de Gabriel Buchelli y Jaime Yaffé en "Cuadernos del Claeh", Nos. 94-95.

jueves, 17 de marzo de 2011

"EL PAÍS DEL QUE VENGO Y EN EL QUE VIVO"


En el curso de una interpelación realizada en la Cámara de Representantes a comienzos de los años cincuenta del siglo pasado, el Ministro de Instrucción Pública Justino Zavala Muniz narró la siguiente anécdota: 

“Recorriendo el mundo, viendo la confusión de los pueblos, viendo sus temores y sus angustias, yo gustaba recordar lo que narré hace poco al volver después de cuarenta años a la escuela primaria en donde aprendí las primeras letras con una maestra admirable que siento la alegría de tener todavía entre nosotros. Por dos puertas entré al conocimiento del Universo: por la ancha puerta de nuestros horizontes campesinos y por la estrecha puerta de la humilde escuela de Melo. Por la primera, una mañana, apenas terminada la guerra de 1904; viajaba entonces en la diligencia mi familia y algunos pasajeros. Se había hecho la paz. ¡Por fin la paz!. Pero todavía quedaban por los campos de la República algunas partidas sueltas de una y otra divisa regresando a sus pagos. La ley todavía no ejercía su imperio. Lo tengo en los ojos como una fresca imagen: bordeábamos un sendero entre las altas colinas. De pronto, sobre una cumbre, recortándose en el horizonte, cien lanceros gauchos de divisa blanca o celeste. Alguien pronunció el nombre de quien los comandaba: era Carancho, un comandante blanco. El pánico se apoderó de la diligencia. Allí veníamos nosotros; la hija de un general enemigo. ¡Tanta sangre derramada entre unos y otros!. ¡Tanto odio encendido!. El temor hizo bajar las ventanillas de la diligencia. Los jinetes galopaban hacia nosotros para rodearnos. Carancho se adelantó y preguntó: “¿Quién viaja ahí?”. Alguien, con miedo, quiso disimular nuestro apellido, fatídico apellido en aquella hora. Pero mi madre, levantando la ventanilla de la diligencia, contestó: “Aquí viaja una hija de Muniz con sus hijos”. Carancho oyó el nombre: echó pie a tierra, se sacó el sombrero y en gesto igual de gallardo sus cien lanceros se quitaron el sombrero. Carancho se adelantó y dijo: “Señora: combatimos contra su padre, pero aquí está esta lanza para escoltarla”.
 No puedo olvidar esta imagen, ejemplo de un país con una y otra divisa. Así comencé a ver con mis ojos de que país vengo y en el que vivo. Por la angosta puerta de la escuela entré a aprender como es el mundo. De una y otra enseñanza, pienso para mí que en un país que da estos hombres tan prontos para el heroísmo y para la generosidad en el heroísmo, cuando le demos la cultura, podemos esperar la justicia y estar seguros de nuestra libertad".


(Revista Nacional, número 172, abril de 1953).

lunes, 28 de febrero de 2011

SOBRE RASEROS DIFERENTES, ASENCIO Y DON FRUTOS


Desde hace algún tiempo, historiadores serios y competentes hablan de una verdadera “ofensiva historiográfica” dirigida a desprestigiar la figura del general Fructuoso Rivera –don Frutos, para el pueblo llano de la campaña que lo quiso intensamente-, a través del expediente, ya utilizado con otras personalidades históricas, de la confección de una “leyenda negra”.
A modo de ejemplo, digamos que el profesor Lincoln Maiztegui Casas, de quien no puede sospecharse parcialismo colorado, afirmó en referencia a Rivera y su actuación en  la campaña del gobierno contra los charrúas en 1831, que cierta porción de historiadores, intelectuales y ciudadanos de a pie juzgan en clave de genocidio terrible aquel hecho de armas, en tanto que personalidades como la del primer gobernador de Montevideo en la época colonial, teniente coronel José Joaquín de Viana, quien mató personalmente al famoso cacique Sepée Tiarajú  y con él a muchos de los suyos durante la llamada “guerra guaranítica”–más, en todo caso que el fundador del partido colorado-, no recibe igual juicio condenatorio.
En el transcurso de esta última guerra se produjo, entre los indios guaraní misioneros y sus aliados por un lado y el ejército español-portugués encargado de desalojarlos “manu militari” de sus posesiones por el otro, la sangrienta batalla de Kaibaté. La más conservadora estimación sobre el número de bajas entre los sublevados, la del sacerdote Tadeo Javier Henis, habla de 600 muertos y 150 prisioneros entre los indígenas; la más abultada, la del gobernador de Buenos Aires José de Andonaegui, refiere a 1511 muertos y 154 prisioneros. A estas últimas cifras se afilia el historiador Francisco Bauzá en su conocida “Historia de la dominación española en el Uruguay”. Ni Viana ni el jefe portugués Osorio reciben el baldón de genocidas.
Sin embargo la acción de Salsipuedes de abril de 1831 (1), que arrojó un número de 40 indígenas muertos y cientos de prisioneros –la cifra de prisioneros siempre es termómetro del respeto a la vida del vencido-, es juzgada en los términos más severos; y su brazo ejecutor, el presidente Rivera, que obró a solicitud del gobierno, del vecindario y de muchos que pedían no matar indios específicamente sino poner orden en la campaña, tildado de genocida furioso (2).
La conmemoración del bicentenario del llamado “grito de Asencio” nos coloca ante hechos que son, en forma similar a los anteriores,  juzgados con diferente “rasero” según de que protagonistas se trate.
Las figuras prominentes de aquel 28 de febrero de 1811 fueron Pedro José Viera y Venancio Benavídez.
Viera era un riograndense nacido en Viamao, que habiendo entrado a servir a Portugal como soldado en 1786, desertó para pasarse a la Banda Oriental en 1793. Aquí desempeñó diversas tareas rurales y cimentó cierto prestigio como caudillo local en la zona rionegrense. Se le conoció, popularmente, como “Perico el bailarín”. Marchó con Artigas al Exodo, pero en el Ayuí se apartó del caudillo para entrar al servicio de Buenos Aires. Regresó a nuestro país durante la Cisplatina, llegando a desempeñarse como comandante de Colonia. Hacia el final de su vida adhirió a la “revolución de los farrapos” y la república de Piratiní.
Benavídez era oriundo de la capilla nueva de Mercedes, donde había nacido hacia 1786. El último hecho de armas al servicio de los patriotas orientales en que tomó parte fue la toma de Colonia, unos días después de la victoria artiguista en Las Piedras. Enseguida se pasó a la banda occidental del Uruguay donde sirvió a órdenes de Manuel Belgrano. Poco después, se pasó al bando realista. Con el ejército español enfrenta la segunda campaña del Alto Perú, que del lado patriota comandaba su ex comandante Belgrano. Perece en la batalla de Salta de un tiro en la cabeza, el 20 de febrero de 1813.
Esta, brevemente, es la peripecia de aquellos a quienes se sindica como coautores del primer grito de libertad en la Banda Oriental del Uruguay. Ambos, con diferente fin –más edificante el de Viera, más indisculpable el de Benavídez-, abandonaron la hueste de Artigas. Ninguno es señalado específicamente con mote denigrante, ni tildado con saña de traidor.
Como tampoco, en general, son motejados de esa forma, por ejemplo, el gral. Manuel Oribe –fundador del partido blanco o nacional-, o el gral. Rufino Bauzá –hombre de la Defensa de Montevideo y padre del historiador colorado Francisco Bauzá-, que abandonaron a Artigas en 1817 en medio de la dramática invasión portuguesa a la provincia Oriental.
En cambio, el general Rivera es juzgado por muchos en forma inmisericorde por su actitud de 1820, cuando la derrota del protector generaba en algunos de sus viejos lugartenientes la desazón por lo inevitable y el convencimiento de que toda resistencia era una pérdida inútil de vidas (3).
Ante lo expuesto nos preguntamos si los ataques contra don Frutos van encaminados a su figura en cuanto tal, a su talla de hombre y de caudillo, o a la circunstancia, más eminentemente política, de que se trata del fundador del partido colorado. Tal vez haya quienes crean que de esa forma, arrojando “tiros por elevación”,  logran desacreditar a la colectividad de la Defensa y de Batlle.

(1)      El historiador Eduardo Acosta y Lara sostiene que ese día hubo en realidad tres encuentros parciales, a saber, en puntas del Queguay, Boca de Tigre y barra del Salsipuedes.
(2)          Siendo que don Frutos, desde la campaña de las Misiones en 1828 hasta la derrota de India Muerta en 1845 durante la Guerra Grande, fue caudillo de los misioneros. Al respecto, puede verse el artículo en este mismo blog: “Fructuoso Rivera, caudillo de los indígenas guaraní- misioneros”.
         (3)          Sobre su actitud en el año 20,  puede verse en este blog: “Fructuoso Rivera revisado”.  
        

lunes, 14 de febrero de 2011

HÉCTOR GRAUERT: "BATLLE FUE UN HOMBRE DE IZQUIERDA, RADICAL Y ANTITOTALITARIO"

     
     El 8 de febrero de 1991 fallecía el Dr. Héctor Grauert. Abogado, electo legislador en forma casi ininterrumpida entre la restauración democrática de 1943 y el quiebre de 1973, varias veces Ministro, su vida personal y política estuvo signada por la trágica muerte -a manos de la policía del perjuro Gabriel Terra- de su hermano Julio César. Luchador batllista de todas las horas, la vuelta a la democracia tras el último paréntesis autoritario le encontraría defendiendo los ideales del partido desde el cargo de edil, llegando a ejercer la presidencia de la Junta Departamental de Montevideo.
     Ofrecemos a continuación un fragmento de una larga entrevista concedida en 1982.


-¿Como comenzó su actividad política?
-La primera vez que actué en público fue en la esquina de Andes y Mercedes, donde hoy se encuentra el Sodre (a media cuadra donde vivía don josé Batlle y Ordoñez). La Casa del Partido Colorado estaba en Andes esquina 18. Allí, actuaba el Comité Universitario de Acción Batllista. En aquel entonces actuaba Fusco, Zubiría, Mauri, Lorenzo Batlle, mi hermano Julio César, Islas y un grupo grande de universitarios que posteriormente tuvieron lúcida actuación partidaria y pública. Junto a estos hombres concurriamos algunos muchachos, que en ese entonces teníamos 15 años. Recuerdo que al organizarse un acto, con motivo de las elecciones allá por el año 1922, hablé en nombre de los jóvenes universitarios de secundaria. Quiere decir que como usted ve, tengo aproximadamente 60 años de vida política. desde ya que a la Convención del Partido, asistí con asiduidad. Recuerdo como una cosa de mayor satisfacción durante el año 1925, que en la Convención por inicitiva de don José Batlle y Ordoñez se discutió el problema de la tierra. Don pepe esa un georgista en lo que se refería a propiedad de la tierra, y en cierto aspecto junto con mi hermano Julio, heredamos el interés por este problema. También recuerdo las famosas Convenciones en el Royal, donde don Pepe doscutía fervorosamente con el Dr. Eduardo Acevedo Alvarez, que era el contradictor en ese tema.
-¿Como actuaba don Pepe?, ¿era un individuo iracundo?
-No, al contrario, era un hombre se una gran serenidad, era un gran razonador. No hablaba ni por impulsos ni pomposamente; todo lo cotrario.
-¿Era simple?
-Era simple sí. Hablaba con una extremada sencillez, y con una gran síntesis.
-¿Esa comunicación de la que hoy tanto se habla, la lograba Batlle?
-¡Como no!. El buscaba la comunicación, pretendía que lo interrumpieran, gustaba de contestar a sus interlocutores, que desde la platea formulaban preguntas u objetaban sus planteos. Sin duda el hombre de más eficiencia que estaba junto a él era don Domingo Arena; también se encontraban Brum, Minelli, Cosio y otras figuras que el tiempo supo perpetuar.
(...)
-¿Que contacto tuvo Ud. con don Pepe?
-Nuestra vinculación era amistosa. Nosotros vivíamos en la calle Andes entre 18 y Colonia, y don Pepe vivía en la calle Mercedes, entre Andes y Florida, , pegado donde está hoy el edificio del Sodre. Y mi padre desde siempre actuó en política, ocupó legislaturas, fue secretario del Comité Departamental y de esta forma siempre estuvo muy vinculado con el partido. Recuerdo otra anécdota allá por el año 1925 donde fuimos los integrantes de un Comité Ejecutivo Colorado a hablar con Batlle, que nos recibió en la sala de redacción de "El Día". En aquel entonces muchos muchachos estaban entusiasmados con Julio maría Sosa, que era un gran orador y un hombre con  indudable carisma, y se perfilaba como una de las figuras de valía del Partido. A decir verdad nosotros veíamos con entusiasmo la figura de Sosa, y entre las cosas que se convesaron se expresó que los jóvenes veíamos con simpatía la candidatura posible del Sr. Sosa. Y ahí fue que surgió que don Pepe nos dijera, sentado en su gigantesca silla, con su voz profunda, que el Sr. Sosa era un hombre con muchas dotes, que valía mucho y que trabajaba dentro del Partido, pero que había que ir despacio. Y fue justamente allí donde nos dijo una frase que para muchos permanece hasta hoy en nuestras mentes: "En política, el que se precipita, se precipita". Esto es interesante porque he visto que se ha dicho que esta frase le pretenece a don Tomás Berreta, cuando en realidad es como le cuento que perteneció a don Pepe. Además otra cosa anecdótica es que mientras expresaba este concepto, con sus dedos índice y medio (figurando ser dos piernas) los hacía correr por su pierna hasta llegar a la rodilla, donde parecían saltar al vacío. De esta forma ilustró aquel pensamiento, que hasta hoy tengo grabado.
La división con el sosimo vino dos años después, Sosa se fue del Batllismo y formó un grupo aparte, constituyendo el Partido por la Tradición.
En reuniones con jóvenes de este tipo junto con Batlle, se hablaba de muchas cosas, del imperialismo, de los Estados Unidos, se hablaba del problema de la libertad política; don Pepe toda su vida fue un férreo defensor de la libertad, luchando contra las satrapías de Santos, y contra toda dictadura. Pero al final de alguna de las reuniones que teníamos el privilegio de asistir, recuerdo que algún joven le preguntó que debíamos hacer precisamente la juventud, que tarea debíamos emprender. Entonces don Pepe nos dijo esto que siempre recuerdo: "Ustedes han visto que cuando eran pequeños y cuando se enfermaban, sus padres llamaban al médico; y viene el médico y pide una toallita y se las pone en la espalda, entonces los ausculta, les vigila la respiración, y según como se encuentren hace una receta para ordenar un medicamento, de manera de poder curarse. Ustedes hagan lo mismo, vayan a los clubes que son los pulmones por donde respira el pueblo, ahí es donde tienen que poner el oído, para sentir las necesidades, y entonces buscar las leyes más justas para curar esas enfermedades, buscando los remedios necesarios para organizar la justicia".
(...)
-¿Que conexión hay entre el pensamiento de Batlle, y la tan conocida democracia social que existe en algunos países europeos?
-En realidad yo le puedo decir que pienso que don Pepe estaba imbuído de los pricipios generales del socialismo, pero del socialismo humanista, no del socialismo que vino después de la revolución del 17, el leninista. Algunas de las ideas de don Pepe, no surgieron como hongos de la nada, sino que surgieron de ese intercambio mundial de ideologías.
-¿Fue un hombre de izquierda?
-Sí, sí, era fundamentalmente un hombre de izquierda.
-¿Era entoces radical?
-Si era muy radical, pero totalmente antitotalitario. Esto es importante porque es uno de los principios que heredó con más firmeza mi hermano Julio César.
(...)

(Fragmento del reportaje realizado por Washington Abdala, semanario "Correo de los viernes", 21 de mayo de 1982)

jueves, 13 de enero de 2011

FRUCTUOSO RIVERA EXAMINADO


   El 13 de enero de 1854, en el modesto rancho de Bartolo Silva a orillas del arroyo Conventos en el departamento de Cerro Largo, fallecía el fundador del partido colorado. Caudillo por antonomasia, su vida constituyó una de las sagas existenciales más ricas en perfiles humanos, políticos y sociales de nuestra historia. Ningún otro personaje de nuestro siglo XIX debió cortar tantos nudos gordianos –la expresión es del historiador Oscar Padrón Favre-, a veces en forma razonada y con el concurso de ministros competentes o amigos fieles, pero otras casi a lomo del caballo. De allí que sus acciones hayan merecido el juicio de tantos contemporáneos, así como el examen de historiadores y hombres de pensamiento. Expongamos brevemente algunos de ellos.

MAGNANIMIDAD

      “No cae sobre la memoria del general Rivera una gota de sangre que no haya sido vertida en el campo abierto de la lucha. De todos los caudillos del Río de la Plata, contando lo mismo los que le precedieron que los que vinieron después de él, Rivera fue el más humano: quizá, en gran parte, porque fue el más inteligente. En lid con enemigos desalmados y bárbaros, nunca fue capaz de una represalia cruel. Aquel inmenso corazón belicoso era un inmenso corazón bondadoso. Había para él una satisfacción aún más alta que el goce de vencer, y era el goce de perdonar. La fiereza heroica irradiará, con deslumbradora profusión, del bronce de su estatua, pero la clemencia templará el ardor de esa violenta luz con un velo de suave simpatía. (…)
Patriarca de los tiempos viejos; caudillo de nuestros mayores; grande y generoso Rivera…”.
(José Enrique Rodó, “El mirador de Próspero”, “Perfil de Caudillo”)

“El prisionero que caía en su poder, estaba seguro de oír palabras afectuosas, de recibir los socorros que pudieran dulcificar su posición. Jamás en la división Rivera un prisionero sufrió el Zepo de Lazo; jamás un subordinado al General Rivera pudo permitirse el insulto o la violencia contra el enemigo inerme. El dinero, la ropa del General se repartió muchas veces entre los prisioneros. (…) Los anales del General Rivera no tienen sangre sino en el combate. Abajo, sus enemigos lo han llenado de ultrajes, le han ofendido en lo que el hombre tiene de más caro. Arriba, jamás se ha acordado de esto y teniendo en sus manos, a sus más tenaces enemigos les ha dejado la vida, les ha vuelto la libertad, no les ha hecho sufrir ni ultrajes ni violencias”.
(Melchor Pacheco y Obes, “Notas sobre los partidos en el Estado oriental y sobre el General Rivera”)

“…alma grande con que la naturaleza lo había dotado, para perdonar a sus más encarnizados adversarios”
(Carta de Manuel Basilio Bustamante a José Ellauri, 3 de febrero de 1854)

POPULARIDAD

   “Era un hijo auténtico de la revolución con las virtudes y los defectos inherentes a la época y al medio en que había formado su personalidad. Nadie más eficiente que él cuando se trataba de sublevar a las masas, de infundir en ellas un sentimiento colectivo. Su dominio del escenario geográfico que lo convertía en el primer baqueano del país, el conocimiento de los hombres adquirido en largos años de correrías, le permitían abarcar el conjunto de la vida nacional”
(Juan Pivel Devoto, “Historia de los partidos políticos y  las ideas en el Uruguay”)

“Preparada de antemano por emisarios enviados semanas antes desde Buenos Aires, la pequeña hueste vio aumentada su número con sucesivas incorporaciones; entre ellas la de Rivera, a la sazón Comandante General de la Campaña al servicio del Brasil, ocurrida el 27 de abril en el dramático episodio de las proximidades del arroyo Monzón.
La incorporación de Rivera procuró a la Cruzada la paulatina adhesión de las gentes de la campaña –pequeños hacendados y peones- donde aquel había aumentado su prestigio en tiempos de la “Patria Vieja”, y durante la dominación luso-brasileña que acató desde comienzos de 1820”
(Alfredo Castellanos, “La Cisplatina, la independencia y la república caudillesca”; el autor se refiere a la cruzada de los “33” en 1825)

“Dividido el país en dos campos, no pudo desde luego haber duda sobre la posición de la mayoría.
Con el general Lavalleja estaba el centro de la ciudad de Montevideo, y la casi totalidad de los jefes y oficiales de línea formados para la guerra.
Con el general Rivera estaba la campaña, las clases desacomodadas de la ciudad, la tropa de los cuerpos de línea.
Es que el general Rivera ha vivido siempre de la vida del pueblo, siempre ha marchado con el pueblo, y ha hecho mucho por el bienestar del pueblo”
(Melchor Pacheco y Obes, ob.cit.; el autor se refiere a la composición de los partidos al comienzo del Uruguay independiente)

SU ACTITUD EN 1820

   “No es cierto el cargo de que se le acusa de haber hecho traición a Artigas, después de haberle servido con celo, y cuando lo vio abandonado por la fortuna. Entonces hizo un gran servicio a su patria, cesando de oponer una resistencia inútil y sin ningún objeto laudable a los portugueses, y no merece culpársele por haber cedido al voto de todas las personas, que en la ciudad representaban al partido patriota, de cuyos miembros se componía la municipalidad, a la cual se debe todo el honor o vituperio de esa negociación…”
(Ramón Masini, “Rivera y la Constitución de la República oriental del Uruguay”)

“A fines de 1816…aprovechándose la Corte del Brasil de las disensiones que prevalecían entre Buenos Aires y la Banda Oriental, envió un ejército mandado por el general Lecor a invadir a esta última provincia, el cual, con el apoyo de una fuerza naval considerable, tomó posesión de Montevideo. El país, sin embargo, continuó manteniendo su independencia con gran bizarría hasta 1820, cuando el desgobierno de Artigas disgustó al pueblo, que se desalentó en la causa. Derrotado Artigas, el coronel don Fructuoso Rivera, que mandaba el único cuerpo restante de orientales se vio obligado a capitular con los portugueses”.
(Guillermo Brown, “Memorias”)

“Que el solo quedó peleando con 300 hombres en la Provincia, y que ellos (sus acusadores) por patriotas sin duda, lo abandonaron, y se fueron a diferentes partes. Que, ¿qué hubiera sido de la Provincia, si él, en el último caso, no hubiese sabido sacar ventajas de esta cruel situación, haciéndoles creer que seguía sus ideas, para estar así en actitud de evitar la devastación del país y la persecución y ruina de sus habitantes?”.
(José Brito del Pino, “Memorias”)

     "...se encontró alguna resistencia en los comandantes de Artigas, pero todos fueron sucesivamente deponiendo las armas: el que se presentó más obstinado, y costó mucho trabajo reducirlo fue el comandante Don Fructuoso Rivera: era también el de más crédito; pero al fin entró en la transacción, y se firmó un tratado de pacificación."
     (Tomás de Iriarte, "Memorias")

LA CAMPAÑA DE 1831 CONTRA LOS CHARRÚAS

   “Esta expedición vino a ser una redada de elementos de mal vivir en la que cayeron los charrúas, no porque se los considerara como tales, sino porque formaban una colectividad montaraz, estancada en el más oscuro de los primitivismos, desdeñosa de la ley, temible por sus incursiones y reacia a los planes de trabajo y convivencia pacífica que demandaban las necesidades del país. Vale decir entonces que cualquier Gobierno llamado a regir los destinos de la República, habría tenido que abocarse a la reducción de aquellos indígenas como etapa previa al logro del bienestar nacional. (…) Comparada pues con las que se cumplieron en el período colonial, la campaña de 1831 está respaldada por los mismos argumentos, y merece idénticos reparos. (…) dentro del marco de sus posibilidades don Frutos salvaguardó la vida de los prisioneros, sin distinción de sexos y edades, gesto tan suyo como desusado en América toda vez que se cumplían operaciones contra indios salvajes”
(Eduardo Acosta y Lara, “La guerra de los charrúas”)

miércoles, 29 de diciembre de 2010

CAGANCHA




     El 29 de diciembre de 1839, en campos de Callorda sobre el arroyo Cagancha –actual departamento de San José- se libraba la batalla del mismo nombre entre el ejército argentino-rosista comandado por el Gobernador de Entre Ríos Pascual Echagüe y el uruguayo a órdenes de Fructuoso Rivera. Favorable a las armas nacionales, alejaría por un tiempo el peligro que significaba la entronización de la tiranía de Juan Manuel de Rosas en nuestro suelo, semejante a la padecida por la Confederación Argentina. El duro gobernante de Palermo, con el contraste sufrido en Cagancha, veía contestado como nunca hasta ese momento su poder omnímodo.
De tal circunstancia hablan aquellos versos de Hilario Ascasubi:
          
           “Al potro que en diez años
            naides lo ensilló,
           Don Frutos en Cagancha
           se le acomodó,
          Y en el repaso
          le ha pegado un rigor
          Superiorazo.
          Querélos mi vida –a los orientales,
          Que son domadores –sin dificultades.
          ¡Que viva Rivera! ¡que viva Lavalle!
          Tenémelo a Rosas…que no se desmaye
          (….)
          Los de Cagancha
          Se le afirman al diablo
          En cualquier cancha.”
    ("Media caña del campo para los libres")
  
Desde que cruzó el río Uruguay a la altura de Salto e invadió nuestro territorio a mediados de año, el ejército de Echagüe fue sometido por Rivera a una constante guerra de recursos. Picando al enemigo con guerrillas; obligándolo a ejecutar marchas que consumían las patas de sus caballos –acostumbrados, como estaban, al terreno blando de Entre Ríos y no al pedregoso de las cuchillas orientales-;  marchando  paralelo al contrario pero “siempre con quebradas o arroyos interpuestos” entre ambos, como recordaba el general Lorenzo Batlle; en fin, dando combates parciales pero evitando la batalla campal hasta tanto llegase el momento oportuno.
De los detalles de aquella campaña, mezclados con tiernas intimidades, dan cuenta algunas de las cartas dirigidas por Rivera a su esposa Bernardina Fragoso.



 


“Mi amada Bernardina: 

He recibido hoy el capote y tu cartita del 30 del pasado. Ya llevo ropa suficiente e importe que no me mandes más porque no hay como cargarla. 

Nada tengo que añadir a las que te (he) escrito respecto a enemigos ya sabes que nuestro compadre Lavalleja está con Echagüe con un ejército de este lado del Uruguay y que por acá y por Santa Teresa andan sus parciales haciéndonos la guerra nos ocupamos de hacérsela como se puede. 

Tu esta (te) tranquila confía en que la divina providencia ha de ayudarnos la causa es justa habrá que pasar algo de penurias y malos ratos pero que ha de hacerse lo que hay entre manos es digno de nuestro nombre Oriental y él ha de sustentarse dignamente. 

Muchas cosas a nuestra familia y amigos y tu se cierta del cariño de tu amante esposo que verte desea. 

F. Rivera



Avestruz, agosto 5 de 1839.” 




“Mi amada Bernardina: 


Ayer he recibido unas cartas tuyas (…) y soy impuesto de todo: mucho celebro que las cosas y las personas en esa se vayan acomodando, eso importa si deseamos tener patria lo demás todo vendrá de suyo según los sucesos. 

(…) 

Leonardo después de la derrota que le hizo Silva ha ganado la sierra del Yerbal con unos 40 hombres estaba ayer en el Rincón de Dávila sobre Laguna del Miní. Espero a Mora que se me deberá reunir por las puntas del Yí para donde voy en marcha a esperarlo y hacer entretanto reunir la fuerza que se pueda en el departamento del Cerro Largo; Alemán se ocupa con actividad de esta operación. Los enemigos del Uruguay que viene Núñez a su frente se avanzan con rapidez el trece lograron pasar el Queguay en el paso de Andrés Pérez donde tú pasaste cuando la acción pero ha sufrido una pérdida considerable de gente, por nuestra parte sólo hubo dos muertos de nuestros bravos y 7 heridos entre estos un oficial (…) Todo está ordenado a fin de poner al sur del Río Negro todas nuestras fuerzas y reunir el ejército en la altura de los Porongos yo tengo que esperar a D. Fortunato que viene ya en marcha de Maldonado así que se me incorpore me ocuparé de dejar a esta altura alguna fuerza y yo marcharé al ejército sin demora. (…) Mariano te entregará mi reloj y la cadenita que es más propia para ti el reloj va sin vidrio se le quebró hace ya más de 15 días sin embargo es muy bueno es muy propio para ti. 

Mucho deseo verte y abrazarte pero tu ves las circunstancias algún día permitirá el cielo que en épocas menos aciagas que la presente estemos tranquilos y unidos ninguna otra recompensa quiero a mis sacrificios la salvación del país y el estar a tu lado aunque sea sumido en la oscuridad. 

Tu amante esposo. 

Frutuoso rivera 

Cordobés, agosto 19 de 1839.” 




     “Mi amada Bernardina: 

Aprovecho la ocasión del Mayor Alsamendi que va hasta esa a buscar unos encargos de Núñez para decirte que estoy bueno aunque muy ocupado, tal es el estado del ejército y de un pueblo inmenso que vaga por esta campaña. En todo el departamento del Durazno no ha quedado una sola persona el pueblo se ha despoblado excepto 3 o 4 familias han quedado, los demás han salido retirándose para Montevideo, Santa Lucía, etc. Aquí están conmigo hermana Carmen y mi comadre Gertrudis, Eusebia se quedó porque ha preferido entiendo cuidar de sus intereses que el ponerse a salvo en caso que los enemigos invadan el pueblo; (…) La cuestión la miro concluida los enemigos están mal una simple operación es bastante para anularlos sin embargo yo no me descuido todo lo llevo asegurado como debe ser. 

(…) Mil cosas a las niñas y muchos besos a Pablito y a la comadre y a los amigos y tú recibe el afecto de tu amante esposo que verte desea. 

F. Rivera 

Setiembre, 18 de 1839.” 



“Mi amada Bernardina: 

Ayer todo el día nos hemos ocupado en preparar nuestro ejército que está brillante. El del enemigo bajó hasta la Calera de garcía y empezó a acampar a las 2 de la tarde (e) hizo sobre nuestros tiradores que ocupaban el paso del Santa Lucía algunos tiros con sus piezas que nada hicieron porque todo no pasó de ser una locura al cerrar la noche nuestra artillería les disparó 2 tiros que también no dejó de ser otro disparate porque nada deciden esos tiros con un río de por medio. 

Nuestro ejército ha tomado una posición fuerte y de gran ventaja para una batalla, creo que los enemigos la nieguen aquí, y busquen aunque con trabajo otra posición o espere a que nuestro ejército los busque lo que efectuará tan luego que se reúna el Coronel Freire que según dicen anda por esos mundos de Minas o Maldonado y como yo no tengo prisa para pelear lo mismo es de aquí a 4 días que 8 pues que mientras más días pasen nuestro ejército se aumenta y se moraliza. (…) 

Mil cosas a nuestras niñas y a mi Pablito y tú recibe el verdadero cariño de tu amante esposo que verte y abrazarte desea. 

Fructuoso Rivera 

Ejército, 5 de octubre de 1839.” 



“Mi amada Bernardina: 

Recibí tus cartas y siento estés molestada de la cabeza quiera el cielo goces de salud perfecta como son mis deseos. 

Ya recibí las comunicaciones del comandante Real y demás jefes que había dejado a retaguardia de los enemigos todo allí ha correspondido a un plan y a los esfuerzos de nuestro bravos. El departamento de (Pay) Sandú ha mostrado en esta vez lo que vale y de lo que puede hacer para defender sus derechos. El ejército hoy a las 12 del día estuvo en línea hizo una salva de artillería en solemnidad de la batalla del Sarandí la que presenció Lavalleja y los suyos, que mal rato para aquel hombre desgraciado si tuviese sentimiento y patriotismo ver a sus compañeros de aquel día felicitarse por el triunfo; mientras él rodeado de miserables extranjeros desoladores de su patria a quienes él sirve de guía y de instrumento para desollarla, en fin mi Bernardina a que hablar de aquel mostro que no tiene ningún sentimiento noble.(…) 

Mil cosas a nuestra familia y tú recibe el cariño de tu amante esposo que verte desea. 

F.Rivera 

Setiembre 12, 1839.” 



     “Mi amada Bernardina: 


Tu carta que recibí ayer por Apolinario me instruye según las recetas que venían inclusas de todo lo que has querido mandarme en el carretón que aún no ha llegado y de lo que mucho te agradezco a pesar que ya te había dicho que no mandases nada porque yo de nada disfruto porque en primer lugar no tomo sino un puchero o un asado una vez en cada 24 horas así es que todo lo que me mandas es para otros y generalmente los criados son los que se aprovechan de todo muchas veces. (…) 

Pasaré a otra cosa, de la cual siento tener que ocuparme de ella; pero tu así lo quieres por tus juicios, es verdad que dije a Pascual costa pidiese algo para cuando tú vinieses no con el fin que tú te has supuesto es verdad que estuve en Canelones porque tuve que ver a las autoridades de aquel departamento con el objeto de promover allí una reunión que (he) encomendado a Viñas; en lo demás haces una injusticia a mi cariño y lo que tú vales para mi corazón nunca te haré yo la injusticia de dar a nadie ninguna preferencia ni menos ocasionarte un pesar como sucedería toda vez que yo hiciese preparativos de obsequio para otras personas que no fueses tú y nuestra familia, es verdad yo no podré negártelo jamás que tengo relaciones con esa familia pero ella no pasa, ni pasará jamás al caso que tú te has inferido, yo soy hombre, tengo como otro cualquiera mis afecciones, y mis defectos pero nunca me acusará el observador de mi conducta que he dejado de llenar mis deberes para con la sociedad y especialmente para contigo; te amo, te amaré eternamente de otro modo (no habría sido tu esposo) (…) 

Ya te dije que los enemigos habían pasado con todo su ejército el Carreta Quemada y sin embargo que hasta esta hora no ha venido parte de la vanguardia es preciso saber ciertamente de los movimientos de los enemigos para podernos ocupar de tu venida la que será para mí de una sin igual satisfacción. Por el señor chavarría te mandé el ponchito que por olvido había quedado cuando fue el carretón supongo que ya lo habrás recibido. Aquí tengo mucha ropa de paño, casacas, etc., etc., que en oportunidad te lo mandaré o tú la llevarás cuando vengas pues (para) que me sirve en verano. 

A nuestras hijas y a las comadres tantas cosas y a mi Pablito muchos besos y tú recibe el cariño verdadero de tu amante esposo que verte desea. 

F. Rivera 

Octubre, 25 de 1839.” 



     “Chamizo, diciembre 31, 1839. 

     Mi amada Bernardina: 

Después que te escribí por Báez que llevó el primer parte (1) no he vuelto (a) hacerlo porque siempre (he) estado marchando: hoy hice alto y pienso regresar al ejército a consecuencia de que ya por acá no tengo objeto y porque medina y Núñez y Pedrito Mendoza van en persecución de los restos del ejército enemigo que van en una fuga desesperada. Lavalleja, Servando y Urquiza van reunidos con poca gente. Echagüe iba solo con unos 60 los más de éstos guaycuruses. 

Estoy un poco enfermo apenas puedo montar a caballo lo que me pone en el caso de regresar así que llegue al ejército te escribiré entretanto mandame el carretón y la criada muchas cosas a la familia toda y a mi Pablito y tú recibe el verdadero cariño de tu amante esposo que verte y abrazarte desea. 

F. Rivera.”


       (1) Se refiere al parte de la victoria de Cagancha

(Fuente documental: “Cartas a Bernardina”, prólogo y selección de José Pedro Barrán y Benjamín Nahum).



jueves, 23 de diciembre de 2010

LEONCIO LASSO DE LA VEGA, EL POETA BOHEMIO QUE ADMIRABA A BATLLE


   Un hombre arriesga la vida sobre la árida estepa castellana en tiempos de la reconquista española. Musulmanes y cristianos combaten por el dominio de la vieja Iberia. De ascendencia itálica, tal cual lo delata su apellido, Lasso, se juega en torneo singular con un jefe moro en la vega de Granada, la antigua capital de la Andalucía árabe. Ganancioso en el lance, corta la cabeza a su oponente y la ofrece a su rey Sancho IV “el bravo”, hijo de Alfonso X “el sabio”. El monarca concede al caballero, en homenaje al triunfo, agregar a su apellido el “de la Vega”, y le premia con tierras y blasones transmisibles a sus herederos. Hasta aquí la historia (¿real?) del apellido.

 Leoncio Lasso de la Vega nació en Sevilla en 1862 como “retoño de una secular familia de galenos”, al decir de Adolfo Agorio. Soñó con ser marinero, pero la presión del entorno lo empujó a la medicina, vocación que nunca sintió. Tuvo una niñez pronunciadamente burguesa: iba a la escuela, la iglesia y a casa de las tías acompañado de una sirvienta ataviada de riguroso uniforme.

 Cuando tiene alrededor de 25 años fallece el padre y se recibe de médico. Con las 35.000 pesetas que le tocan por herencia marcha a Madrid, donde un pintor y bohemio de apellido Sorolla lo introduce en los cenáculos de artistas y escritores. En la capital se relaciona con una francesita, bailarina segundona en  una compañía de “varieté” de tercera, cuyo arte sobre las tablas consiste en bailar el can can de manera harto heterodoxa.

Poco después marcha a París, que ya era una fiesta, y luego a Burdeos, donde la francesa lo abandona al ver que las pesetas ralean. Desencantado del mundo y de las mujeres embarca en dirección a América –la tierra de promisión de tanto europeo- y desemboca en Buenos Aires. Allí se gana la vida desplegando humildemente sus vastos conocimientos y ejerce como profesor particular de filosofía, matemáticas, literatura, historia e idiomas. Además, escribe en el “Correo Español” y en la prestigiosa “Caras y Caretas” -donde publica novelones  de título y trama truculentos o descabellados- toca el piano en un remate y dicta conferencias. Comienza a destacarse por su prédica radical y forma, naturalmente, un cenáculo.

Se casa con una señorita de la alta sociedad porteña con la cual tiene tres hijos. Pero las veladas del teatro Colón y los banquetes en los salones elegantes no le sientan, y termina separándose amigablemente.

Hacia el 1900, y a raíz de un encargo editorial consistente en la confección de un diccionario con las biografías (y las vanidades…) de los grandes estancieros del litoral argentino, aprovecha para cruzar el río Uruguay y visitar Mercedes. Se vincula a un cenáculo vocinglero y bohemio donde destaca el pintor Blanes Viale, y, aquerenciado, ya no se marcha más del país.

Instalando su modesta habitación en un remolcador varado en la costa del río Negro, dedicará sus horas ala lectura, la escritura, el solaz de la vida más o menos errante y las borracheras, pues en Lasso, el alcohol formará parte de una suerte de profunda cosmovisión.

En una oportunidad, su inclinación “báquica” le predispuso negativamente con una mujer mercedaria. Resulta que solía pasear por las frondas lugareñas una de esas jóvenes medio ojerosas y románticas, de larga cabellera y cuerpo flacuchento, que, escapando de las convenciones sociales de la época, en lugar de apuntar al matrimonio y al “crochet”, leía versos y tocaba la guitarra bajo los árboles. Conocerla Lasso y enamorarse fue solo uno. En la floresta, el vate creaba y la musa entonaba. Pero la relación se quebraría por razones de peso: la muchacha promovía en la ciudad campañas contra el alcoholismo…

Son de esta época mercedaria dos pequeñas obras cargadas de radicalismo social: “¡Anatema!. Canto pro Boer”, donde fustiga al imperialismo inglés en Sudáfica, y “20 de setiembre. Caída del poder temporal. Roma libre”, canto conmemorativo al fin del imperio terrenal del papado.

En 1903 se vincula a “El Día” a través del gerente del diario Juan Carlos Moratorio. Su relación con el funcionario, hombre de talante más bien circunspecto, no estuvo exento de rispideces. En el trascurso de los años en que Lasso integró el equipo de redactores, Moratorio llegó a despedirlo en varias ocasiones dada su costumbre de ausentarse por espacio de muchos días. Estando Batlle en Europa y enterado de una de estas “cesantías”, escribió a Domingo Arena: “Ni “El Día” puede estar sin Lasso, ni Lasso sin “El Día”. Y fue repuesto. Todo ello teniendo en cuenta que don Pepe no siempre compartía el contenido de sus artículos. Pero la mutua admiración era muy profunda.

En 1904, estallada la guerra civil, se une como corresponsal de “El Día” a la sexta división del Ejército del Norte. Su permanencia junto a las tropas le obligan, en más de una ocasión, a dejar momentáneamente de lado la pluma de periodista para empuñar la carabina contra los revolucionarios.

Pero quien por entonces protagonizaba las grandes acciones bélicas de la contienda era el Ejército del Sur; a vía de ejemplo, la sangrienta batalla de Tupambaé (junio de 1904). Contrariado, Lasso solicita su traslado a esta última fuerza, donde es recibido por su comandante, coronel Pablo Galarza, quien le adscribe a su Estado mayor. Quince días más tarde, para su desazón, el Ejército del Norte obtiene la decisiva victoria de Masoller (1º de setiembre).

A instancias de su amigo el coronel Julio Dufrechou, comienza a escribir un libro sobre la guerra. Alojado al efecto en el cuartel del regimiento 1º de caballería, se le tenía en una suerte de “libertad vigilada” a fin de que le terminase. Más la guardia, con benevolencia, condescendía a “permitir” sus salidas nocturnas. Hasta que en una ocasión desaparece por varios días, ante el nerviosismo de los pobres milicos que temen una reconvención. Finalmente, lo encuentran en un boliche cerca del puente sobre el arroyo Miguelete, tomando caña y jugando al truco con el escritor Javier de Viana y dos guardas de la línea del tranvía del Paso del Molino. El libro en cuestión se titulará “La verdad de la guerra en la revolución de 1904”. En un pasaje del mismo, Lasso revelará que Basilio Muñoz –jefe revolucionario tras la muerte de Aparicio Saravia- le dijo el 23 de setiembre de ese año en Aceguá, en presencia y ante el asentimiento de Luis Alberto de Herrera y de Quintana, que la guerra la habían hecho por “disciplina partidaria”; pero que la pretensión de poseer jefaturas políticas por la fuerza, y de que el gobierno deba pedir permiso para entrar en los departamentos con administraciones departamentales blancas, era “inconstitucional”.

Concurrente habitual del café Polo Bamba, de Ciudadela y Colonia, Lasso lo fue además de las instituciones que nucleaban a la intelectualidad progresista de entonces, como, por ejemplo, el Centro Internacional de Estudios Sociales (fundado en 1898), y en donde alternaría con Adrián Troitiño, Álvaro Armando Vasseur, María Collazo, Rafael Barrett, Orsini Bertani (editor de algunas de sus obras), Ovidio Fernández Ríos (quien sería secretario de Batlle), Ángel Falco, Florencio Sánchez, Emilio Frugoni, Orosmán Moratorio, Alberto Lasplaces y Ernesto Herrera, entre otros.

   


  En 1910, abocado Batlle a una segunda postulación presidencial y habiéndose decretado la abstención nacionalista, algunas figuras lanzan la idea de crear  partidos circunstanciales con el fin de llenar las bancas correspondientes a la minoría. Lasso promueve la creación de un “Partido Obrero” que reúna alrededor de la figura del líder colorado a sectores progresistas no tradicionales sobre todo el anarquismo. La tentativa fracasa debido al rechazo de éstos por la política electoral.

   El poeta, que se definía a si mismo como un “socialista sin partido”, no dudaba en ubicar al “avanzado” Batlle y Ordoñez, como una de las más grandes figuras de la historia uruguaya: “…nuestros nietos –escribió- contemplarán con respeto en la plaza pública, la estatua que le habrá levantado la gratitud de una posteridad exenta ya de las pasiones que hoy rugen…”.

   “Lo que más admiraba Lasso en Batlle –dice Agorio- era la exaltación casi mística de la responsabilidad propia y el deseo enérgico de no compartir el gobierno con el enemigo para disimularse en los otros y atenuar así posibles errores”.

De esta época fructífera serán sus obras: “Salpicones” (1910), obra satírica y anticlerical; “Canalejas, ya habló la prensa, ahora hablo yo” (1912); “La campana; tañidos de asamblea” y “El morral de un bohemio” (ambas de 1913), entre otras. Muchas de sus habituales colaboraciones en “El Día” las firmaba con el seudónimo “Ossal”.

    Leoncio Lasso de la Vega murió en los últimos días de diciembre de 1915 víctima de la tuberculosis.